Abstract

Sociologists have long been concerned with the extent to which “civilizing processes” lead to the increasing salience of rationalized behavioral guidelines and corresponding internal controls, especially in social situations characterized by violence. Following Norbert Elias’s identification of a civilizing process in combat sports, sociologists have debated, though not empirically established, whether emerging “no-holds-barred” fight practices indicate a rupture in the historical civilization of leisure time violence. Using a critical case study of a “no-rules” weapons fighting group, where participants espouse libertarian values and compete in preparation for hypothetical self-defense encounters, I ask how the boundary between violence and social regulation is negotiated in an arena that putatively aims to remove the latter. Drawing on more than three years of ethnographic fieldwork, I specify the mechanisms that moderate action: (1) the cultivation of a code of honor and linked dispositions to replace codified rules; (2) the interactional hesitance that arises when participants lack clear rules or norms to coordinate action; and (3) the importation of external rule sets, such as self-defense law, to simulate the “real” world. Contrary to surface readings of “no-rules” discourse, I conclude that the activity is deeply embedded in larger societal norms of order. Participants’ ethos of honorable self-governance, “thresholds of repugnance” when exposed to serious injury, and aim of transforming emotive, violent reaction into reflective, instrumental action all indicate that the ostensibly unrestrained violence is, in Elias’s technical sense, precisely civilized.

Los sociólogos se han preocupado por el grado en que “los procesos de civilización” conducen al incremento de la importancia de las pautas de comportamiento reguladas y sus correspondientes controles internos, especialmente en situaciones sociales caracterizadas por la violencia. Siguiendo la identificación teórica de Elías sobre el proceso civilizador en los deportes de combate, los sociólogos han debatido teóricamente, aunque no empíricamente, si las practicas de lucha conocidas como “sin límites” indican una ruptura en la civilización histórica de la violencia en actividades de ocio y tiempo libre. Utilizando el estudio de caso del grupo “pro-uso de armas “sin reglas” cuyos participantes defienden valores libertarios y compiten en la preparación de encuentros en los que realizar peleas hipotéticas de autodefensa, el artículo investiga cómo se negocia el límite entre la violencia y la regulación social en una arena que supuestamente funciona para eliminar este objetivo. Basándome en más de tres años de trabajo de campo etnográfico, se pudo especificar los mecanismos de acción que regulan este entorno: 1) la existencia y el cultivo de un código de honor y unas prácticas vinculadas a reemplazar reglas codificadas 2) la reticencia a la interacción con otros cuando los participantes carecen de reglas o normas claras para coordinar la acción y 3) la incorporación de reglas externas, tales como el derecho a la autodefensa, para simular el mundo “real”. Contrariamente a los estudios emergentes relacionados con el discurso “sin reglas”, la investigación concluye que esta actividad está profundamente arraigada en normas sociales de orden superior. La regla de “autogobierno basado en el honor' y los ‘umbrales de rechazo’ de los participantes cuando se exponen a lesiones graves, transforman la reacción ante la violencia de emotiva a una acción reflexiva e instrumental lo que indica que la violencia aparentemente sin límites es, en el sentido técnico de Elías, precisamente civilizada.

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